Publicado el 3/03/2007 en "Úbeda Informción"
Amigo Loren, ya sé que es una buena idea implantar en Úbeda algunos concursos de belleza, no sé cómo no se ha llegado a hacer aún, ya que estamos por promocionar todo tipo de actividades con amplia participación popular, además se podían hacer extensibles al territorio de influencia ubetense. Muy buena también tu sugerencia, Loren, la de los títulos que proponías: “Reina de la Loma”, “Miss Úbeda”, “Reina de las Fiestas del Renacimiento”, “Miss Comercio” y otros que podíamos estudiar, aunque ya nos podíamos conformar con un par de ellos. Ya sé que este tipo de certámenes tiene sus detractores, quienes últimamente han avivado la polémica a raíz del concurso de Miss Cantabria y adonde debemos aportar nuestro punto de vista, mi dilecto amigo, porque afecta directamente a nuestra propuesta. Así, la infamia cometida contra esta mujer que le ha sido invalidado el título de Miss Cantabria por el sólo hecho de ser madre es algo escandalosamente humillante para ella y un hecho vergonzante que subleva al más pintado. Justo es decir también que las bases del concurso exigían ser soltera y sin hijos, al igual que todos los concursos de misses, incluidos los de España y Universo. Estos certámenes están vinculados y correlacionados entre sí y la redacción de las bases corresponde a la Organización mundial, por lo que la Organización cántabra se ha visto obligada por imperativo legal a desposeer del título a la ganadora. Unas bases arcaicas y anticonstitucionales que debían ser renovadas y a las que uno puede vincularse o no con todas las consecuencias. En Cualquier caso la polémica de Cantabria no ha tenido desperdicio y ha originado los más diversos comentarios. Destacan los que quieren atajar el problema desde la mismísima raíz; es decir los que cuestionan la existencia de estos concursos y propugnan la abolición de todos los certámenes de belleza. Argumentos se han oído de todo tipo: “que si es denigrante para la mujer”, “que la mujer es considerada un objeto”, “que es lo más parecido a una feria de ganado”...; ha habido un afamado tertuliano radiofónico que ha afirmado textualmente, sin el menor rubor, que quienes organizan estos concursos son unos “pedorros”. ¡Lo que hay que oír, amigo Loren!
Yo no sé si decantarme a favor o en contra de los concursos de belleza, quizá me ayudaría mucho a definirme si alguien me contestara a estas reflexiones que seguidamente expongo: El concurso, la competición, la rivalidad…, forma parte de la naturaleza humana, lo llevamos en los cromosomas. Desde el mismo momento de nuestra concepción, desde que somos espermatozoides ya empieza la competición: El que primero llegue, el más veloz, el más vigoroso, el más capaz…, será el que fecunde. Después, en el parto, debes estar bien preparado para no sucumbir en el intento. En la escuela compites con los demás niños por las notas, tratando de ser el mejor, el primero. Todos queremos formar parte del equipo de fútbol del colegio, pero sólo los mejor dotados son titulares (se podía hacer un turno rotatorio por apellidos de la A a la Z, pero no) Con tus amiguillos, recordarás Loren, rivalizas haber quién corre más , quien la tiene más larga o quién llega con la meada más lejos. En la Universidad, el que llega, ha debido superar la Selectividad; odiosa palabra que lo dice todo, sólo los más capacitados son seleccionados y podrán elegir carrera (se podía hacer también una selección por orden alfabético, pero no). Después vienen oposiciones y procesos de selección varios para poder trabajar ¿Quién aprueba?, ya se sabe, los mejores. Punto y aparte merecen las competiciones deportivas, todas para superdotados físicamente y donde la violencia y la mala educación están al orden del día, cuando no planea la sombra de las drogas. Y como colofón tenemos las Olimpiadas, tan antiguas como la misma Grecia, en las que chicos jóvenes, atléticos y apolíneos (las mujeres se han incorporado recientemente) hacen una exhibición de sus indiscutibles dotaciones físicas en carreras, levantamiento de pesos, gimnasia, saltos, lanzamientos, etc.; a pesar de ello a nadie se le ocurre compararlos con una feria de ganado o con una exposición de bestias de carga. No sé qué negativo puede tener un concurso carente de toda violencia y con total libertad de participar o no, creo que son tan dignos y merecen el mismo respeto, o el mismo rechazo, que todos los concursos. Más bien me temo yo, amigo Loren, que la animadversión por los concursos de belleza se debe a una visión machista y excluyente de sus detractores (hombres y mujeres) sólo porque se trata de un concurso femenino y como resultado de una interpretación pobre, calenturienta y libidinosa del observador.
Manuel Almagro Chinchilla
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