Camino de Jerusalén


Artículo para la revista JERUSALÉM, de la Cofradía del Santo Borriquillo de Úbeda

                                  Camino de Jerusalén
Siempre me fascinó la procesión del “Santo Borriquillo”. Quiero seguir utilizando esta expresión humilde y coloquial, tan genuinamente ubedí, la misma que desde pequeño me  embargaba el ánimo de emoción con solo pronunciarla,  porque significaba el preámbulo, la puerta que abría la Semana de Pasión ubetense. Era, al fin, el inicio de la semana mayor por antonomasia tan largamente esperada, nada menos que ¡todo un  año! en aquella edad en la que trescientos sesenta y cinco días se hacían toda una eternidad.  

Cinco de la tarde del Domingo de Ramos, una explosión de alegría y vitalidad inundaba a los ubetenses, principalmente a la chiquillería, apretujados en el rellano de la Trinidad para ver salir la procesión del Santo Borriquillo. Se vestía para la ocasión alguna prenda de estreno para no caer en el maleficio que pronosticaba que el Domingo de Ramos el que no estrene ná se le caen las manos. En el ambiente reinaba una extraña mezcla, un smog, con olor a pólvora de traca recién quemada y el zumbido de las pelotas cariocas, mientras vendedores ambulantes voceaban a grito pelao las exquisiteces de los puritos americanos.
La expresión Santo Borriquillo, no cabe duda, que está en consonancia con el propio hecho de Jesús de haber elegido a un humilde burro para hacer la última etapa de su vida pública Camino de Jerusalén. Resulta bastante significativa tal elección, quizás para dejar patente su consideración a los valores que éste noble animal representa: abnegación, obediencia, trabajo, constancia… y sobre todo humildad. El Padre podía haberle enviado una legión de ángeles con cuadrigas y briosos corceles  y así haber hecho una entrada triunfal en Jerusalén con toque de trompetas y timbales; pero ese no era su mundo. Su mundo está en la fe de los hombres, en el corazón de los humildes y pecadores. Y haciendo mía la interpretación del evangelio de san Juan: “La fe en quien desde el principio ya era; y todo cuanto hay y habrá, principio y fin, está en Él; la Luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo”.
La Entrada de Jesús en Jerusalén, nuestro Santo Borriquillo, nos coloca al principio del camino de la Pasión. Pero Jesús nos coloca al principio del camino de la vida. Y aquí quiero referirme a la cita evangélica de Juan 14, 6-14: Yo soy el camino, la verdad y la vida. Que yo interpreto como la materialización de Dios en el hombre:
El camino: es el trayecto por donde transcurren los días de nuestra existencia, es un espacio acotado adonde tiene lugar nuestra actividad diaria, sin la cual no se avanza ni se cubren etapas; es adonde se desarrolla el trabajo con todas sus vicisitudes.
La vida: realidad palpable, actividad, movimiento, trabajo; nacemos, crecemos y morimos.

En cuanto a la verdad, quiero referirme a otra interesante cita  evangélica (Juan 18, 38): ¿Qué es la verdad? -Preguntó Pilato al galileo- Pregunta que fue respondida con un profundo silencio.

Ciertamente es complicado hablar sobre la verdad y nos podríamos eternizar filosofando sobre ella: verdad absoluta…verdad relativa…  Cada cual tiene “su verdad” y la defiende en función de sus intereses, nobles o espurios. A veces pudiera pensarse que la verdad es cuestión de mayorías, como cuando se somete a votación la elección de cualquier cargo, individual o colectivo ¿Realmente se elije al mejor?  El caso, incluso, puede llevarnos a una situación cómica; para ello basta que la mayoría de las personas con las que nos vamos encontrando a lo largo del día se pongan de acuerdo para decirnos que tenemos la cara amarilla, seguro que terminamos ante el espejo viéndonos rasgos amarillos. Lo malo es cuando nos encontramos ante la situación de alguien que quiere imponer la verdad, “su verdad”, a la fuerza, son los intolerantes fanáticos que hay en todas las culturas.

Jesús ante Pilato responde con un insondable silencio a la pregunta sobre la verdad. ¿Intencionadamente? Quizá sí. Tuvo la oportunidad de haber definido la verdad y de habernos ahorrado muchos quebraderos de cabeza. O quizá no quiso repetir la definición que ya había dado con anterioridad (Juan 14, 6-14): Yo soy el camino, la verdad y la vida. Que yo interpreto como “Dios la única verdad”.

Quedaría un poco vacío este escrito si no me refiriera al autor de las esculturas de la cofradía del Santo Borriquillo: Francisco Palma Burgos, eterno enamorado de Úbeda y que despreciando las glorias obtenidas en otros lugares, incluso las de su Málaga natal, prefirió elegir a Úbeda para eterno descanso de sus restos.  Valga para él este humilde recuerdo como homenaje:

FRANCISCO PALMA BURGOS, ESCULTOR UBETENSE NACIDO EN MÁLAGA

Manuel Almagro Chinchilla








Por la sierra del Pozo


                          Por la sierra del Pozo
Uno de los mayores placeres, el que más para mí, con los que puede uno gozar es perderse en la sierra, bien sea por unas horas, un día, o varios días, todo depende de la disponibilidad de tiempo y del lugar que ocupe esta actividad en el orden de prioridades de nuestra agenda; si bien aquí es factible hacer alguna pequeña trampilla; una excusa más que “justificable”,`para alterar un poco el orden en la agenda - sin que sirva de precedente-. Pero al decir “perderme” me refiero a desaparecer de la vista y del contacto con la gente, porque sentirse perdido de verdad en la sierra es bastante más serio de lo que más de uno se pueden figurar, ya que puede dar lugar a vivir las últimas consecuencias.
Para mis andanzas serranas suelo elegir la sierra del Pozo, la más desconocida, la más salvaje, la que contiene el mayor número de especies endémicas (zoológicas y botánicas) y la que cuenta con los más bellos e insólitos parajes de todo ese gran Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas que, con sus doscientas catorce mil hectáreas -más de dos mil kilómetros cuadrados, mayor que cualquiera de las tres provincias del País Vasco- está considerado como la mayor área protegida de Europa.

 En mi última marcha por ese privilegiado lugar, hace unos días, la emprendí por una senda que parte del Molinillo y va a parar a la Nava de San Pedro. El Molinillo es una vieja industria harinera situada en la cola del pantano de la Bolera (Pozo Alcón), que aprovechaba las turbulentas aguas del río Guazalamanco, en la misma confluencia con el Guadalentín, para mover las ruedas del molino. Aunque su construcción data de tiempos de los árabes, ha estado en actividad hasta la década de los sesenta, justamente cuando se construye el citado pantano y las aguas del embalse empiezan a invadir las instalaciones; aún hoy, cuando baja el nivel del embalse, pueden observarse sus ruinas y un par de hermosas piedras de molino, de “pan moler”. Pero dejemos para otro momento la descripción de este bellísimo paraje, enclavado en lo más abrupto de la sierra y rodeado de una espesa vegetación, original, del típico bosque mediterráneo 

Antes de iniciar la caminata, con la intención de llevar la mochila lo más ligera posible de peso, siempre te enfrentas al dilema de “qué llevar” y “qué no llevar”; que lo podíamos extrapolar a la vida cotidiana en “qué tener” y “qué no tener”, porque al fin y al cabo la vida es el Camino: ...que si ésta fruta que tiene más azúcar que  la otra, que si otro par de zapatos por si acaso, este libro sí y el otro no… o los dos, cámara de fotos, un chaquetón, el móvil, galletas, frutos secos, navaja,  prismáticos, gorra…” y un interminable etcétera. Para abreviar la cosa, se reviste uno de sentido común y trata de separar “lo necesario” de lo “no necesario”, tarea enormemente complicada, pero que con mucha voluntad y paciencia se logra hacer una selección. No obstante, el peso de la mochila puede superar la equivalencia en calorías que se está previsto quemar, en cuyo caso se impone una nueva revisión del equipaje; esta vez el asunto puede adquirir tintes “dramáticos”, porque, francamente, establecer una línea divisoria entre lo necesario y lo “estrictamente” necesario, transciende la materialidad de cualquier juicio humano y es como para llevarlo al terreno filosófico.

Pero la partida apremia, los días de invierno no dan mucho de sí y se impone la puesta en marcha; la pretendida meta de la Nava de San Pedro, cuatro horas de camino con sus pausas, ha de reducirse y dejarla en el cortijo del Poyo. La senda parece diseñada como para el mundo de Bambi, o en el bosque de Blanca nieves y los siete enanitos. Se trata de una cornisa que transcurre a lo largo del farallón comprendido entre el Tranco del Lobo y el río Guadalentín. Varios cortijos jalonan el camino, cuyas ruinas nos salen al paso como viejos fantasmas derrotados por el olvido y la miseria; donde se adivina el ladrido del mastín, fiel servidor e inseparable compañero; sus desmoronados muros aún rezuman olor a sudor y ecos de suspiros; también de alegrías, que nosotros juzgamos efímeras; y de una felicidad, que consideramos vana. “Tener o no tener”. Vivian, lo tenían todo.

El escenario se va repitiendo uno a uno: el cortijo de la Herradura, el de los Tontos, el Puntal de Ana María, El Raso, El Peral, La Canalilla, Los Chanes, el del tío Paulera…. La sierra, como siempre, ofrece un espectáculo inigualable: majestuosos pinos salgareños que imponen su dominio en las más inaccesibles repisas de las cárcavas, aunque en las laderas comparten primacía con los Quercus: robles, encinas, quejigos…; mientras a nuestro alcance quedan los imperecederos tomillos, romeros y mejoranas, así como una gran variedad de arbustos autóctonos: cornicabras, lentiscos, majuelos… y el codiciado rosal silvestre –escaramujo- que a estas alturas del ciclo vegetativo aún conserva las últimas bayas, las que los serranos, que son sabios poniendo nombres, las conocen como tapaculos por sus eficaces propiedades astringentes. Los graznidos de los cuervos y de las chovas piquirrojas resuenan en los paredones calizos cortados a pico, una legión de avecillas se busca la vida en los matorrales a base de larvas escondidas y semillas olvidadas. El cielo es para las grandes rapaces, con predominio del buitre leonado, destacando el recientemente introducido quebrantahuesos, alguna águila real y el sagaz halcón peregrino, mientras las ardillas, una tras otra, aparecen como en una carrera de relevos a lo largo del camino.  
Esta singular escena la preside el macizo del Cabañas en el que, con sus dos mil veintiocho metros de altitud, sobresale el segundo pico más alto de todo Parque Natural, tras las Empanadas de la Sierra de Segura

Entre pausa y pausa, saboreando este regalo de la Naturaleza, con el rumor del viento acariciando las acículas de los pinos, la mente imagina vivencias un tanto azarosas  de unas gentes pegadas a la tierra y a sus ganados, gracias a los cuales obtenían el sustento, haciendo suya la conocida sentencia: “No es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita”.
El cortijo del Poyo aparece ya a tiro de honda, roto y desvencijado; otrora una morada grata y acogedora, erguida, impecablemente blanca como una paloma, pulcra y con olor a yerbabuena como una quinceañera; sobre una pequeña meseta, un pedestal azotado por el aire de los cuatro vientos, aún mantiene intacta la era de “pan trillar”, sobre la que es posible sentarse a meditar sobre lo divino y lo humano

Llama la atención un pequeño habitáculo, de reciente construcción, en cuya puerta luce un interesante rótulo en bronce con la siguiente inscripción:

 Cortijo de Poyo Tribaldo, donde no se necesita nada para tenerlo todo.

Merece una profunda reflexión porque, sin duda, el autor lo escribió tal como le salía del alma.

Manuel Almagro Chinchilla

Precisiones sobre topos ...y otras


                                                                    
Artículo publicado en la web "AASAFAUBEDA" de los Antiguos Alumnos de Magisterio de la SAFA de Úbeda, el 30 - 01 - 2012


  Precisiones sobre topos… y otras
Me gustaría con este escrito habilitar de nuevo el Rincón del Café. Me encanta el aroma y me fascinaron sus tertulias, y no tengo la menor inquietud de ir al “ más allá de… ellas”   

Un interesante artículo, todos los suyos son, de Blas Francisco Lara Pozuelo, “Los dogmatismos”, lo inicia refiriéndose metafóricamente a la existencia del topo:… que vivió siempre bajo tierra, nunca pudo contemplar el día, ni el claro cielo, ni la vegetación, ni el sol. Pero ese topo científico registraba las variaciones de temperatura. Así descubrió las estaciones que se iban alternando. Y se aventuró a formular las hipótesis más delirantes para explicar las estaciones.

Captado el sentido metafórico, no obstante, quisiera aportar algunas precisiones, sin ánimo de plantear ningún dogmatismo: Si el topo tuviera capacidad de formular hipótesis, hace tiempo que hubiera dejado de ir arañando por el subsuelo, ya hubiera ido a la Luna y estaría a punto de lanzarse a la conquista de Marte. Estamos donde estamos, -los hombres- precisamente, porque nos hemos arriesgado a “franquear el límite de lo inmediatamente dado, de lo propio de una disciplina”; porque hemos trabajado sobre hipótesis (“casi” siempre), que luego resultaron equivocadas (“casi” siempre) El ser humano ha progresado porque, entre el cúmulo de errores y fracasos cosechados, siempre ha habido algún excepcional acierto.

Delante de la inmensidad del universo, los hombres nos hayamos en una situación comparable a la de los topos; pero no hacemos lo que ellos, tenemos poder de decisión y no queremos seguir arañando la tierra, vamos plantear hipótesis y vamos a correr el riesgo de ir más allá de lo conocido, como siempre. Tenemos el irrefrenable afán de ir al “más allá de…”, como si tuviéramos proyección de infinito.

La ciencia no podrá demostrar la existencia ni la inexistencia de Dios pero es fundamental para avanzar, aunque no exclusivamente; para ello hace falta el impulso vital, el acto voluntario “exclusivamente humano” de la decisión.

Prolegómenos de Semana Santa


          La tradición más arraigada y popular en Úbeda es la Semana Sana. Tal es así que apenas acabamos con las hogueras de San Antón (aún Pascuas son) iniciamos la recta que nos llevará a la Semana de Pasión ubetense, cuyos prolegómenos se inician cada año con la novena de Jesús, felizmente terminada el pasado domingo con una solemne y fastuosa eucaristía en la monumental iglesia de Santa María de los Reales Alcázares. Es la llamada “”Fiesta de Jesús”. Con ella se retoma nuevamente esta celebración en el citado templo, tras veintiocho años de haber estado suspendida por las obras. Circunstancias que han hecho que esta nueva etapa se inicie con especial brillantez y, sobre todo, gracias al tesón y buen hacer de la actual junta directiva de la Cofradía, presidida por José Luis del Castillo Vico, algo que va a pesar mucho en su favor el próximo sábado 4 de febrero, fecha en la que elegirá a un nuevo equipo de gobierno.
 A la novena de Jesús le seguirán cada una de las celebraciones de las distintas cofradías, en forma de novenas, setenarios o triduos, conduciéndonos de este modo hasta las vísperas del Domingo de Ramos, en la primera semana de abril. Pronto empezarán los ensayos de las bandas de tambores y trompetas, para afinar sonidos y acompasar redobles. Los costaleros medirán distancias y sincronizarán esfuerzos, y el tufillo de la Semana Santa inundará el ambiente de la Capital de la Loma


No hay duda de que la Semana Santa es la conmemoración religiosa (quizá para muchos, convertida en Fiesta) más grandiosa y participativa de cuantas tienen lugar en la Ciudad de los Cerros. Que Úbeda es Ciudad de Semana Santa, nadie lo pone en duda; pero no es porque pueda tratarse de una denominación más o menos protocolaria o propagandística, sino por derecho propio; porque el pueblo, ubetense o no, cada año lo corrobora fehacientemente.
Y digo esto acordándome mucho de un gran hombre sin el cual la Semana Santa no sería exactamente así. Me refiero a un gran escultor enamorado de Úbeda y que siempre consideró a los ubetenses paisanos suyos: Francisco Palma Burgos. Es difícil de entender que a nuestro “paisano” escultor, una vez establecido en Italia tras su estancia en Úbeda, no le encandilaran el éxito cosechado allí, alcanzando, entre otros galardones, “diez medallas de oro”.  Motivos y estímulos no le faltaron para continuar con su brillante labor artística en la cuna del Renacimiento, incluso para haber finalizado dando con sus huesos en plena madurez creativa en la patria de Miguel Ángel.  Todo lo contrario, siempre vivió con el recuerdo y una enorme nostalgia de Úbeda, “…mi novia, recorrer sus callejas de vieja cal y buena forja, de llorar a mis amigos que se fueron…” y recordaba insistentemente a sus más allegados que quería morir en su amada Úbeda.


El pasado día 31 de diciembre se conmemoró el aniversario de la muerte en Úbeda de Francisco Palma Burgos, a pocas horas de haber llegado en estado de coma desde su Málaga natal. Ese era su deseo, así se cumplió y en Úbeda descansan sus restos.
Aún tiene Úbeda una gran deuda con Palma Burgos, ya que nunca se tuvo la deferencia de haberle nombrado Hijo Adoptivo, al menos para corresponder a la fraternidad con que él siempre trató a los ubetenses.

In memoriam: FRANCISCO PALMA BURGOS, ESCULTOR UBETENSE NACIDO EN MÁLAGA. Del dicho hay que pasar al hecho.
Manuel Almagro Chinchilla

¿Verdades?


                   

                                ¿VERDADES?
Un artículo de mi amigo Dionisio Rodríguez Mejías, no hace sino reflejar la realidad de la vida a través del relato de unas vivencias escogidas en el rico repertorio literario del autor, unas veces figuradas y otras reales. En algunas de ellas se encuentra la verdad en discordia, aún sin nombrarla una sola vez, como en este caso con el cuento de H. Ch. Andersen, El rey desnudo, salvo cuando cita la obra de Goethe: “Poesía y Verdad”.
Cierto es que no pretende hablar de la verdad, sino resaltar la falta de integridad y decencia de esas personas de baja moral que, conscientes de su influencia, se encuentran siempre merodeando en las áreas del poder y conocen perfectamente cómo manipular la verdad para hacerla compatible con sus intereses.

En el cuento del Rey desnudo, la mayoría, o toda esa real cohorte de allegados oportunistas, hicieron ver a su rey que, a pesar de estar en pelotas, lucía el traje más bonito del mundo. Convencido, no tuvo el menor reparo en desfilar públicamente de esa guisa para mayor deleite de sus súbditos, al contemplar tan singular vestimenta. Confirmaba tal disparate la entusiasta participación, cuando no la complicidad del silencio borreguil de la mayoría del pueblo, como es natural. Solo un niño, en su inocencia (los borrachos y los niños dicen la verdad) no pudo digerir la trágala y gritaba desesperadamente que el rey iba desnudo.

Hasta aquí nada que reprochar al niño; tampoco al rey, pues cada uno manifestaba de la manera más llamativa posible su verdad.
A pesar de ser una fábula no exageraba mucho Andersen, pues si a más de uno de nosotros  nos dicen, todas y cada una de las personas con las que nos encontramos en el día, que tenemos la cara amarilla, me gustaría conocer quien es el que no se mira al espejo cuando llega a su casa.      

Cada uno defiende su verdad con los mejores argumentos, configurándola de la mejor forma posible para la consecución de sus intereses.
A veces me pregunto si la verdad es cuestión de mayorías. Recientemente hemos sido convocados en España para elegir el mejor gobierno; todos conocemos el resultado ¿Será el mejor?  Pronto tendremos oportunidad de elegir el mejor gobierno para Andalucía ¿Y si salen los mismos? ¿Será el mejor?

Como digo, hay formas distintas de presentar la verdad, según convicciones. Y aquí quiero referirme a esos seres maravillosos, las flores de Edelweiss, de los que Dionisio hace la siguiente descripción:
            Viven en lugares tan inaccesibles  y peligrosos que muy pocos arriesgan     la    vida para subir a buscarlas, llevarlas a casa y lucirlas como una joya. Esas flores tienen un secreto: viven camufladas y se esconden bajo la apariencia de una sola flor, cuando en realidad son conjuntos de florecillas diminutas que necesitan agruparse para sobrevivir.

Yo en cambio las describiría de esta manera:

Viven en lugares inaccesibles y peligrosos, habiendo quienes asumen gustosos el riesgo de subir para tratar de tomar vídeos de tales joyas y llevarlos a casa para su estudio y divulgación, y así favorecer su protección y respeto. Estas flores viven sin competencia en un nicho ecológico donde se dan los nutrientes específicos; un hábitat que se diría ha sido creado expresamente para ellas. Tienen un secreto: en realidad son pequeñas florecillas que se agrupan para adoptar la forma de una sola flor para resaltar y lucir con más prestancia y belleza.

Es complicado hablar de la verdad, máxime si tropezamos con gente que quiere imponerla a la fuerza. Son los intolerantes fanáticos existentes en todas las culturas.

 “¿Qué es la verdad”? Preguntó Pilato al galileo (Juan 18, 38). Pregunta que fue respondida con un profundo silencio. ¿Intencionadamente?,  quizá si. Jesús tuvo la oportunidad de haber definido la verdad y de habernos ahorrado muchos quebraderos de cabeza. O quizá no quiso repetir la definición que ya había dado con anterioridad (Juan 14, 6-14): Yo soy el camino, la verdad y la vida. Que yo interpreto como  la materialización de Dios en el hombre:

 Manuel Almagro Chinchilla

Más sobre el Miedo


                       MÁS SOBRE EL MIEDO
He vuelto a leer el escrito “Los miedos en la vejez” de Blas Lara, porque describe una situación en la que, con bastante probabilidad, nos vamos a encontrar, si no es que nos encontramos ya, más de uno de los que somos asiduos de esta página. Debido a su importancia quiero hacer una nueva intervención porque me parece que en mi escrito anterior he cargado más el tono en hacer una descripción de lo que entiendo, experimentalmente, como miedo y he pasado de puntillas sobre algún antídoto para combatirlo. En este sentido, me parece muy acertada la intervención de Dionisio: “Cuando, en lugar de miedo, teníamos fe”, que, como vemos, aborda el tema desde la posición firme en la fe.

Creo que ha acertado del todo porque ese es el factor fundamental: Fe en nosotros mismos; en la seguridad y la confianza que nos da nuestra labor diaria, sea la que fuere; en nuestras obligaciones familiares y de todo tipo; en nuestro proyecto de vida... El proyecto de vida es algo que nos debe acompañar mientras respiremos, siempre hecho con entusiasmo, con afán de superación y con verdadero enamoramiento. No nos debe preocupar tanto la pérdida de facultades físicas, al fin y al cabo el hombre es algo más que unas manos, o que unos pies, o que unos ojos, o que unos oídos... El principal órgano del ser humano es el cerebro. Siempre nos quedará la solución de pensar en lo hecho y en lo que queda por hacer y diseñar un plan de acción, y ahí hay un campo infinito. Está bien rodearse de alguien, de tener apoyos; pero lo importante es tener la confianza propia porque los apoyos siempre tienen sus limitaciones y sus fallos.  En definitiva, se trata de vivir, de tener fe en la vida, porque la Vida es Dios que llevamos dentro.
Los artículos de Blas que aparecen en “Apuntes filosóficos” siempre me han parecido muy interesantes, maravillosos. Cuando por diversas razones he tenido que viajar y estar varios días fuera de mi casa, he llevado impresos sus artículos para releerlos a placer. Esto es algo que debes saber, amigo Blas, para que no dejes de publicar tus artículos, para poder seguir haciendo el bien a muchas personas, como así me consta.

Y vuelvo con el amigo Dionisio para celebrarle su estupendo artículo en el que, a pesar de la seriedad del asunto, no le falta su toque de humor. A propósito, me he quedado con la duda de saber si esa pequeña “maldad” de quedarse con la peseta de la lotería se la confesó al padre Marín, aunque no voy a insistir porque forma parte del secreto de confesión.
Manuel Almagro Chinchilla


Y como se está hablando de la fe; o mejor dicho, de la inconsistencia de ésta  como soporte fundamental donde se sustenta el Miedo, quiero transcribir un magnífico artículo: “Dios rompió su silencio”,  de un prestigioso doctor en Filosofía, Javier Gomá Lanzón, aparecido el pasado día 24/12/2011 en el diario ABC en la famosa “Tercera” página


                                      DIOS ROMPIÓ SU SILENCIO

La palabra que describe el estilo de Dios en su relación con el mundo es “desconcertante”; ¿quién no ha sentido eso alguna vez?

Cuentan los evangelios  que, cuando Juan bautizó a Jesús, descendió una paloma sobre éste, se abrieron los cielos y una voz dijo: “Tú eres mi hijo amado, en ti me complazco”. Bajo el ropaje de la alegoría, se adivina en esta escena una decisiva intuición, por parte de Jesús, de Dios como Padre. Tras el bautizo, Jesús inicia su ministerio anunciando la llegada del reino. La revelación de la paternidad de Dios y el comienzo de su actividad pública se hallan, pues, estrechamente entrelazados.

Mientras que el Antiguo Testamento muy raramente y solo con muchas precauciones se refiere a Dios con la palabra Padre, Jesús hizo de ella su designación favorita. Más aún, lo invocó como Abba, voz aramea que denota confiada proximidad a Dios, un tratamiento demasiado atrevido y familiar para el judaísmo antiguo. Jesús anuncia al Dios bíblico, pero también a un Dios diferente. Ni el Dios de justicia que bendice a los santos y maldice a los impíos -todavía el del Bautista-, sino un Padre que se compadece de sus hijos, justos o injustos, y siente una inmensa preferencia por pobres y pecadores.

Jesús, un hombre ya maduro, tiene la experiencia suficiente para constatar el doloroso contraste existente entra la paternidad del Abba benevolente y la cruel injusticia del mundo con sus hijos, que sufren y mueren sin esperanza. Su Padre pronuncia un “no” radical al triste, trágico destino de los hombres. Es esa insoportable discordancia entre el Dios compasivo y la realidad del mundo injusto la que impulsó al galileo a formarse la convicción inquebrantable de que Dios iba a intervenir de forma inminente en socorro de los hombres. Predica el reinado de Dios, una transformación apocalíptica de las estructuras del viejo mundo para acomodarlo a la naturaleza bondadosa de Dios. Mientras sus palabras se remiten al reino futuro, sus acciones muestran sus efectos operando ya en el presente. Las parábolas hablan de la proximidad de un nuevo cielo y una nueva tierra para los cansados y agobiados de este mundo; pero ese acontecimiento futuro se anticipa ya mediante la praxis de Jesús con enfermos y pecadores; a los primeros los cura aliviándoles el dolor; a los segundos los recibe en su mesa; hay que tener en cuenta que la comensalidad, en Oriente, vale por toda una declaración de fraternidad sin necesidad de perdón explícito. El Espíritu que había hablado por los profetas hacía ya siglos que permanecía mudo y el pueblo judío lamentaba la larga lejanía. Ahora iba a actuar de modo definitivo. “El tiempo se ha cumplido y está llegando el reinado de Dios” (Mc 1,15) son las primeras palabras que se han conservado de la predicación del profeta de Galilea.

Ahora bien, el reino no llegó como Jesús predijo, coinciden los exégetas, ni tuvieron lugar los anunciados acontecimientos apocalípticos (Mc 13). Vemos cómo en el huerto de los olivos, presa de angustia, todavía imploró la intervención de Dios con su afectiva invocación de siempre, recordándole que, además de bueno, es poderoso “¡Abba! Todo es posible para ti. Aparte de mí este cáliz” (Mc 14,36). Y sin embargo, el Dios omnipotente no actuó, no intervino, no lo salvó. Al desmentido histórico de su anuncio le acompañó el aparente fracaso de su misión: Israel rechazó su oferta de gracia. Y en el colmo de la desolación, su Padre lo desautorizaba a la vista de los hombres dejando que muriera joven en una forma ignominiosa para la ley judía: “Maldito de Dios el que cuelga de un madero” (Dt 21,23).

Es como si lo que Jesús hubiera aprendido en el bautismo constituyera solo la primera parte de una lección  y le faltara todavía la segunda, que solo se le reveló instantes antes de morir: que Dios es compasivo, pero también silencioso y oculto. Y así el hijo, que en su juventud “iba creciendo, en estatura y en aprecio ante Dios y ante los hombres” (Lc 2,52), en su madurez “aprendió sufriendo a obedecer” (Heb 5,8). En la agonía de la cruz, el profeta gritaría ese porqué interrogante  que todavía despierta un eco en los corazones de todos los hombres: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” Más que nunca Jesús fue entonces un ecce homo, figura corporativa de la humanidad doliente.

Dios es Dios y el mundo es el mundo. El mundo es mundano, y esto quiere decir que tiene sus reglas autónomas que Dios no altera. Este es el gran descubrimiento de la secularización, un venturoso fenómeno moderno que proporciona indudables ventajas para la imagen de Dios porque la exonera de ese sobrenaturalismo inflacionario que quiere ver en casi todas las vicisitudes de la experiencia, desde la victoria militar en las guerras hasta la recuperación de un botón perdido en casa, la intervención de la mano providente de Dios. Dios actúa en el corazón del hombre, no en los hechos mundanos de la experiencia. Dios no intervino en Auschwitz simplemente porque nunca interviene en la exterioridad material del mundo, ni siquiera para salvar del patíbulo a su hijo predilecto. Esta conclusión libera a Dios del reproche de arbitrariedad respecto de un comportamiento que, según la hipótesis inflacionaria, interfiere unas veces sí y otras no en el orden de la experiencia aplicando en ello un criterio de todo punto incomprensible y hasta ofensivo para las víctimas de la injusticia del mundo.
La palabra que describe el estilo de Dios en su relación con el mundo es “desconcertante”: ¿quién no ha sentido esto alguna vez? Moisés guió hasta  la tierra prometida a los judíos, pero después Israel fue sometida por los imperios vecinos; Jesús proclamó su gran cambio escatológico, pero el mundo sigue aparentemente igual: los hombres sufren y mueren como antes.

Unamuno solía citar a Senancour: “SI nos está reservada la nada, hagamos que ésta sea una injusticia”. La muerte de un hombre es siempre una injusticia; la de un hombre bueno, una injusticia lacerante; la del galileo –un hombre tan perfecto como solo un Dios puede serlo-, una injusticia absolutamente insoportable para el Padre, una contradicción consigo mismo. Y, por eso, en un momento culminante de la historia, ese Dios desconcertante rompió su silencio y, por fin, actuó: removió la piedra del sepulcro y despertó a su hijo de entre los muertos. Una acción, conviene destacar, no dentro del mundo, sino a continuación del mundo. Desde entonces, el mundo visible ya no tiene el monopolio de la realidad porque, allende sus fronteras, Dios ha creado para los hombres una esperanza: si ha impedido que se perdiera en la nada el mejor de nosotros, los demás de la especie esperamos seguir algún día el mismo destino. Una nueva providencia para este mundo se hace posible, una que más que alterar el curso de los hechos los convierte (por tristes y trágicos que sean, incluyendo la propia muerte)  en ocasión de más esperanza dentro de nuestro corazón. Esta es la Navidad que hoy celebramos. Nuestro viejo mundo, lector perplejo, sigue sin  tener solución, pero ahora tiene salida.

Irónicamente, Alfred Loisy escribió: “Jesús predicó el reino y vino la Iglesia”. No es cierto. Jesús predicó el reino y vino la resurrección, consumación definitiva del reino.

Javier Gomá Lanzón  (Publicado el 24/12/ 2011 en la “Tercera” de ABC)

Cuidado con el Miedo, mejor no tentar al diablo


                        Cuidado con el Miedo, mejor no tentar al diablo

En la página web, aasafaubeda.com, mi amigo Blas Francisco Lara Pozuelo escribía un artículo: "Los miedos en la vejez". De este modo abría un debate en el que pedía colaboraciones a los lectores de la página. Ésta es mi aportación:

Bien difícil lo pones, amigo Blas, al menos a mí, para hablar del Miedo. Y quiero escribirlo expresamente con mayúscula, al menos en este escrito, porque realmente es algo singular y también para distinguirlo de ciertos  temores más o menos acentuados que comúnmente llamamos miedo.

El presidente norteamericano, Franklin Delano Rooselbert pidió desterrar del vocabulario dicha palabra y no desaprovechó la ocasión en sus discursos para dejarla postergada. A lo largo de su dilatada carrera política (el único presidente en la historia elegido en cuatro mandatos) tuvo que plantarle cara a difíciles situaciones que verdaderamente  podríamos calificarlas de  pavorosas, como la Gran Depresión de 1929 y la Segunda Guerra Mundial. En este sentido, famosa es su sentencia: “Sólo hay que tenerle miedo al miedo”. A propósito de tal cita, viene más que pintado que tomemos buena nota de ella, sobre todo los políticos,  en estos tiempos que corren en los que  algunos analistas han calificado a la actual crisis económica como “más grave” que la del 29.  Pero para hablar del Miedo sería conveniente tener una definición del mismo. Y he aquí la dificultad que decía al principio, porque creo que lo que conocemos son sus efectos, pero no su esencia metafísica. Sabemos de las reacciones fisiológicas que se originan en el ser humano, también en los animales, cuando nos enfrentamos ante situaciones que juzgamos críticamente peligrosas: se eriza el cabello, se dilatan las pupilas, aumenta el ritmo cardíaco, sube la adrenalina, se estiran los labios con el acto-reflejo de mostrar los colmillos, se producen escalofríos, sudoración acentuada…. Están documentados casos de condenados a muerte a los que sólo en 24 horas, las previas al cumplimiento de la sentencia, les ha cambiado la pigmentación del cabello, tornándose completamente canosos. Así mismo hemos de recordar lo que se puede leer en los Evangelios sobre Jesucristo, en los momentos anteriores a su prendimiento en el Huerto de los Olivos, en los que se dice que “sudó sangre”.

Soy incapaz de definir el Miedo porque no lo he vivido en plenitud, es abstracto y entra en el terreno de la metafísica; pero sí he estado en los umbrales y he visto su “humareda”. Es  la desazón de sentirse impotente para superar una situación que vemos nos agobia fatalmente,  asociado a la pérdida de facultades, y a la soledad y al abandono más crueles y absolutos. Circunstancias, éstas, que se suelen dar con más facilidad en la vejez, aunque no necesariamente en ésta. Es la pérdida de la esperanza y la carencia de todo bien, es tener plena consciencia de vivir en la amargura de un continuo sin vivir con la sofocante perspectiva del infinito. Es la antítesis de la vida y de la existencia.

Se nos ha dicho que el Infierno no es otra cosa que la ausencia de Dios, con lo cual entramos en la eterna dicotomía: el bien y el mal, la existencia y la nada, la luz y las tinieblas. Si la Vida no es otra cosa que Dios al que llevamos dentro, el Miedo es el Maligno que nos acecha.    

Mucho cuidado con frivolizar con el Miedo, mejor no tentar al diablo. Rooselbert sabía muy bien lo que decía.

Manuel Almagro Chinchilla

La Fuente de las Risas

                   La Fuente de las Risas

Amigos lectores, permítanme que inicie este artículo con una cita de nuestro llorado cronista oficial, don Juan Pasquau Guerreo, contenida en su obra titulada “Biografía de Úbeda” en el capítulo dedicado a las Fuentes. No quiero apearle del “don”, como viene siendo habitual con personas que siempre han gozado del máximo respeto, consideración y cariño. Es el caso de don Juan, varios años maestro mío.  
     ¿Fuente de las Risas?  Quizá porque la risa es también agua: un agua   espiritual, un derretimiento del alma que borbota inquieto, que surge espontáneo e incesante del hontanar oculto de la alegría. Todas las fuentes pudieran llamarse “de las risas”. En todas hay, cerca, niños, que sinfonizan su risa con el agua.      

Pero lo cierto es que hemos tenido la fortuna de haber  heredado una fuente; sólo una, quizá en el mundo entero, que tiene el privilegio de lucir el bello y armonioso nombre de Fuente de las Risas. Aunque sólo sea por eso, señor alcalde de Úbeda, la Fuente de las Risas debe de ser rescatada del olvido y dejar de ser víctima del abandono y de la desidia en la que se encuentra. Pero hay más motivos, señor alcalde, como es el hálito de misterio que quizá fluya del “hontanar oculto de su alegría” (como nos dice D. Juan Pasquau) que se resiste a perecer.  

Hace años que las fuentes dejaron de cumplir la principal función social que tenían a su cargo, como era la del abastecimiento de agua para uso doméstico en aquella Úbeda secularmente sedienta de no hace tantos años, hoy han desaparecido o están en desuso, al menos las que se encuentran dentro del casco urbano. También desempeñaban otro, hasta ahora irreemplazable, servicio público: eran un foro “institucionalizado”, ideal para la tertulia más variopinta, donde se ponía en candelero la vida y andanzas de la vecina o el vecino más pintado. Quienes hemos sobrepasado el medio siglo de existencia, hemos sido testigos, y quizá protagonistas, de aquellas vivencias transcurridas en torno a cualquier fuente, esperando el turno, “la vez”, para llenar el cántaro. Todo eso pertenece ya al pasado.

Pero la Fuente de las Risas sigue fluyendo risueña y generosa regando los huertos aledaños, tal como los siglos nos la han legado. Su recuerdo me trae la afluencia de “mocicas” lavando la ropa, como ya se haría en tiempos de la ocupación  árabe. De modo que en aquella “Ubbadza” mora, en la que habitaban  “ciertas histrionisas y bailarinas, célebres por su viveza y su ingenio” (citando a nuestro cronista), ya iban a la Fuente de las Risas no sólo a lavar la ropa, también a remojarse algo más que las pantorrillas y a solazarse entre risas y chanzas a la sombra del bosquecillo que envolvía el paraje.  De aquí la exigencia que ya en el siglo XII hacía el cadí sevillano, Ibn Abdun, a los seguidores del Corán, siempre tan  escrupulosos guardianes de la castidad de las féminas: Prohíbase a las mujeres que laven la  ropa en los huertos, porque se convierten en lupanares.

 Exagerado o no lo del lupanar, éste debió ser el escenario con el que se topó el famoso Alvar Fáñez “El Mozo”, cuando buscaba acomodo para su mesnada, en espera de entrar en combate, en aquel tórrido verano de la conquista de Úbeda de 1234, quedando en evidencia la falsedad de la coartada de haber estado "por esos cerros, Señor”, cuando en realidad descansaba placenteramente en los brazos de alguna bella fatimí (descendiente de Fátima, hija de Mahoma) en el frescor de la Fuente de las Risas

Y es que la Fuente de las Risas ofrecía (hoy también) las características ambientales y topográficas ideales que perseguían nuestros protagonistas. Lo suficientemente cercana de la ciudad como para ir caminando, y tan lejana como para estar fuera de la vista "y de las miradas” de los celosos vigilantes de la muralla. Oculta en una vaguada con bosquecillo, entre el cerro de la Horca (al Oeste, donde actualmente se levanta la academia de la Guardia Civil), y el Altozano (al Este, un pequeño promontorio donde más tarde se construiría el convento de san Francisco de Asís; del que, actualmente, aún se conserva una puerta con arco); sólo queda al descubierto la parte Sur, que es ocupada por las impresionantes vistas del valle del Guadalquivir con el fondo de sierra Mágina.

Si existe en alguna parte un lugar que pueda servir por igual a un grupo de guerreros para acechar al enemigo, o a unas “moricas” donde lavar descuidadamente la ropa, o un lugar bajo las estrellas donde encontrarse plácidamente unos enamorados en el follaje de un bosquecillo, ese es sin duda la Fuente de las Risas

Manuel Almagro Chinchilla

La romería del Gavellar


La pluviometría reinante en esta primavera ha estado a punto de dar al traste con un acontecimiento mariano y ubetense: la romería de la Virgen de Guadalupe, que tiene lugar desde su Santuario, en el arroyo del Gavellar, hasta la Ciudad de los Cerros.
La lluvia la ha dejado bastante ensombrecida. Tristemente deslucida, en honor a la verdad, si le añadimos el disparate de algo que ya empieza a ser costumbre y que viene repitiéndose desde hace tres años, como es la quema de una horrorosa traca que quebranta violentamente la paz del arroyo del Gavellar. Un enclave natural donde se refugian un importante número de especies de aves protegidas por la Ley, que vienen huyendo del veneno de los pesticidas que se vierte en la zona de olivar que le rodea. En el Gavellar han establecido su hábitat y en esta época del año se encuentran en pleno proceso de nidificación y cría. El “regalo” que le hace nuestra Real Archicofradía, con la quema de la tristemente famosa traca, no puede ser más demoledor para el normal desarrollo de la vida natural. Una operación que además se hace desoyendo los continuos llamamientos que hace la Iglesia en favor del Medio Ambiente, porque bien sabidos son los manifiestos que hizo en este sentido el recientemente declarado beato Juan Pablo II y los que hace el actual papa Benedicto XVI. Pero situándonos en un ambiente más próximo, es conveniente destacar el caso de la romería de la Virgen de la Cabeza en la que desde un mes antes de su celebración se ha pedido insistentemente a los romeros el debido respeto al Medio Ambiente. Una recomendación que ha venido indistintamente a través de la Cofradía, del Ayuntamiento de Andújar, de la Comunidad Trinitaria del Cabezo y de la consejería de Medio Ambiente. De igual forma y con la misma sensibilidad se manifiestan cada año en Tíscar y Cazorla, por citar algunos ejemplos más próximos a nosotros.
Respetar la Naturaleza no es otra cosa que respetar la Creación, la obra de Dios, con todas sus criaturas; la posición de la Iglesia en este sentido no deja lugar a dudas.
Quizá nuestra Real Archicofradía busque con esta traca engrandecer la fiesta, pero no todo es válido porque se puede obtener el efecto contrario. No se puede alabar a Dios y por otra parte estropear su Creación. No se puede poner una vela a Dios y otra al diablo.
De todas formas los amantes de la dinamita y de los truenos tienen una oportunidad de oro para lucir esta “bellísima y delicada manifestación cultural”, quemándola en el recibimiento que se le hace a nuestra Patrona en el Molino de Lázaro, para solaz y deleite del máximo número de asistentes.
En cualquier caso, sin entrar en consideraciones sobre la legalidad o no de dicho acto (que todo habría que andarlo) y de seguir con esta actitud en sucesivas romerías, no seré yo quien recomiende a nadie que participe en la romería de la Patrona de mi pueblo.

Manuel Almagro Chinchilla

Día del Stock

Ráfagas

El llamado Día del Stock ha propiciado la puesta de largo de la calle Nueva tras la remodelación urbana a la que ha sido sometida últimamente. Su éxito ha supuesto la aprobación jubilosa y unánime de ubetenses y forasteros de unas obras que se han hecho esperar largos años. Mucha falta hacía.
Menos mal que no ha habido ninguna oposición al proyecto, al estilo de aquella desaprobación escandalosa y bullanguera (con cantautor incluido) que cosecharon en su día las obras de nuestra querida Plaza de San Lorenzo, con la excusa de que “perdía su viejo sabor”. Y no es que no haya perdido la Calle Nueva su viejo sabor, que lo ha perdido: sus arbolillos con los alcorques descuadrados y picudos, con aristas pronunciadas, verdaderos mamotretos rompe espinillas; sus peculiares aceras de cemento parcheado con baldosines hexagonales; sus coches apretujados en asfixiantes hileras que sofocaban el ambiente… Todo, entrañablemente cutre y pueblerino, ha dado paso a un nuevo aire cosmopolita, acorde con la pretendida titularidad de Capital Comercial de la Loma. Un cambio, cuyo proyecto, hubiera levantado algo más que suspicacias, incluso el vuelo de algún “par de pájaros”, si el signo político en el Palacio de Las Cadenas hubiera sido el mismo que cuando ocurrió lo de la plaza de San Lorenzo.
En cualquier caso, bienvenidos al sentido común y felicitaciones incluso a los detractores, que los ha habido, paradójicamente, entre los directamente beneficiados: los comerciantes, aunque pocos y entre los más veteranos, quienes, parece ser, ya han dado todas la batallas y descansan plácidamente contemplándose el ombligo con actitud de desgana a coger el tren de la modernidad y el cambio.
El Día del Stock ha sorprendido gratamente hasta a los organizadores. No se conocía una concentración humana tan densa en un sábado cualquiera desde hacía cincuenta años, de cuando los mejores tiempos del mal, o bien, llamado “tontódromo”.
Aunque el éxito se veía venir, faltaba la confirmación práctica. Ahí está.
Se debe recuperar la capitalidad comercial de La Loma, la provincial ya se perdió, si es que la tuvimos alguna vez. Tenemos el marco comercial adecuado, la infraestructura idónea, sólo falta el empuje humano, “tirar del carro”
El Día del Stock no debe ser un hecho aislado, hay que pedir su continuidad. Una convocatoria semanal bien sea con esa o con otra denominación o motivo. Úbeda tiene un gran potencial en el comercio y la experiencia nos acaba de demostrar que su comarca está esperando a que se la convoque con cualquier excusa para venir de compras. Es una oportunidad que debe ser debidamente encauzada y aprovechada. En cualquier caso, ya nos queda la evidencia de que abrir el comercio los sábados por la tarde no es un mal negocio del todo.

Manuel Almagro Chinchilla

Ecobarómetro en Úbeda

El Parque Norte aloja hasta el próximo día 25 de abril una exposición con dieciséis paneles informativos sobre el Medio Ambiente en Andalucía. Se trata del Ecobarómetro, una iniciativa a nivel europeo que tiene la misión de dar conocer la conciencia ambiental de la ciudadanía andaluza desde distintas perspectivas, tales como la incidencia en el Desarrollo Urbanístico, los Residuos Sólidos Urbanos, el Ruido, la problemática del Agua, el Cambio Climático, las Energías Renovables, el Ahorro Energético, los Incendios Forestales, los Espacios Naturales Protegidos, el Reciclaje, la Movilidad Sostenible, etc.
Para quienes somos amantes de la Naturaleza la visita resulta muy ilustrativa y altamente interesante. Todo me parecía de lo más loable desde cualquier punto de vista que lo iba mirando. Pero pronto fui víctima de una enorme decepción por la contradicción que supuso contemplar cómo los jardineros del parque, provistos de sus reglamentarias caretas antigases, a escasos metros de los paneles informativos, donde se conciencia a los ciudadanos sobre la peligrosidad de los vertidos tóxicos, ellos hacían radicalmente lo contrario: empleaban herbicidas para eliminar plantas no deseadas de los jardines. Es difícil de entender y resulta totalmente intolerable que en un parque público, del que se sirve la ciudadanía para recreo y disfrute de pequeños y mayores, se empleen productos tóxicos para el tratamiento habitual en labores de jardinería. Todo el encanto de la exposición se vino abajo con esa actitud. ¿Cómo puede la Administración concienciar a los ciudadanos sobre la necesidad de la conservación del Medio Ambiente y al mismo tiempo actuar de forma radicalmente opuesta a lo que pregona? Al menos en un espacio frecuentado por personas, se impone erradicar definitivamente estas prácticas nocivas para la salud y sustituirlas por operaciones manuales utilizando herramientas de jardinería, con lo que se conseguiría crear empleo del que tan necesitado está el municipio.
Tampoco sería mala idea trasladar dicha exposición a las Eras del Alcázar, allí no entraría en colisión con las inexistentes prácticas de jardinería que, obviamente, no lleva a cabo el Ayuntamiento y además formaría parte del plan para dinamizar el casco antiguo de la ciudad, en el que está empeñado el Ayuntamiento. Todo es cuestión de imaginación y de querer poner cada cosa en su sitio

Políticos en elecciones

Hasta nueve formaciones políticas medirán sus dotes de convicción en la ciudadanía ubetense para recaudar votos en las próximas elecciones municipales. Se ultiman programas electorales, se cierran listas de candidatos, se hacen presentaciones y el ambiente queda envuelto con el tufillo de la precampaña electoral. Difícil se lo ponen al elector, que debe decantarse por alguno de los programas que se ofertan, y ya me cuidaría yo de aconsejar a nadie qué partido votar. Haberlos “haylos” para todos los gustos; algunos, incluso, con un abultado currículum de realizaciones a sus espaldas, que no es adecuado exponer en este momento. Prefiero, en aras de la brevedad, destacar los rasgos menos favorables que les caracterizan. No me gusta el socialismo de derechas, porque, para ese viaje, ya tenemos a la derecha auténtica. Tampoco me gusta el socialismo de los que se dicen de la “verdadera izquierda”, porque no me gustan las empresas públicas, ni las estatales, ni las municipales, ni las municipalizadas, ni todas aquellas a las que puedan llegar los largos tentáculos de la Administración en cualquiera de sus niveles. No me gusta la autoproclamada “izquierda católica”, que sigue prometiendo el salario mínimo interprofesional para el alcalde y concejales. Si esa es la proyección salarial en el horizonte político, la igualdad en la pobreza, me gustaría saber con qué motivación se va a trabajar en el Ayuntamiento. La solución no es repartir miseria, sino crear riqueza, algo que sería interesante aprender. No me gustan los nacionalistas, desde que oí a una de sus dirigentes, en un mitin en la plaza de Santa María, decir que a ellos no les gustaba la bandera de España. Mire por donde, a mí, la que no me gusta es la de Andalucía, porque todo el fervor patriótico que me mueven las banderas está en la viveza de sus colores, y la de Andalucía los tiene bastante apagados; una pena con el sol y la pasión que nos quema. Pero para hablar de pasión, la que nos levanta el eslogan: “Pasión por Úbeda”. Yo añadiría “Patrimonio de la Humanidad, Ciudad de Semana Santa y Viva la Virgen de Guadalupe”, y así todos tan contentos. Mire usted, ya tuvimos una Pasionaria que terminó desfogando sus ardorosos devaneos políticos en el exilio de la gélida estepa de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. La pasión no es buena consejera, ni siquiera en política donde al parecer se admite todo. La pasión nos zarandea, nos saca de quicio, nos lleva de un extremo a otro y al final termina conduciéndonos a la cruz o a la cama.

Interés Político



Por interés político

A tres meses vista de las elecciones municipales, los partidos políticos adaptan sus actuaciones a las nuevas circunstancias de la vida social ubetense. Incluso aparecen nuevos partidos, con el consiguiente aumento de la rivalidad que, en buena lid, reclaman parte del pastel que en el próximo mayo se va a repartir en el Palacio de Las Cadenas. Mientras, el partido gobernante del Psoe, busca repetir la mayoría minoritaria para hacerse nuevamente con la alcaldía. Lo tienen difícil los socialistas, si extrapolamos a Úbeda el valor que le dan las encuestas a nivel nacional y autonómico, donde se espera un auténtico batacazo. “Todo se pega menos la hermosura”, dice el refrán, y los añicos del descalabro socialista pueden salpicar hasta lo más alto de los últimos cerros de la Ciudad de los mismos, si no es que le coge de lleno. Debe ser por eso que el Psoe ubetense echa toda la carne en el asador y se afana en estos tres meses en lavar la imagen negativa que han ocasionado los enormes baches en el medio urbano ubetense, en una calle sí y en la otra también, echando apresuradamente un asfalto del que, por su textura, me gustaría conocer la fecha de caducidad. A buena hora, mangas verdes, cuando la mayoría de la flota de vehículos ubetenses y de la foránea, ha quedado afectada por semejante desaguisado.

Todo eso demuestra un desmesurado interés político, sólo interés político, más que un interés por el bien de los ciudadanos, lo que sin duda quedará reflejado en el recuento de votos en las próximas elecciones municipales. En cualquier caso bienvenido sea lo bueno y bien halladas las obras de asfaltado; pero como “donde no hay harina todo es mohína”, o dicho de otro modo: donde no hay sentido común impera la chapuza, los señores políticos, o mejor, los señores urbanistas, que son los que saben (se supone), siguen teniendo una asignatura pendiente: la evacuación del agua de lluvia de las calles, porque deben saber, y si no lo saben yo se lo digo, que es difícil encontrar una calle con sumidero; y si lo tiene, está cegado. Hay muchas personas que aún tenemos la vieja “manía” de ir andando a muchos sitios, otras son amas y amos de casa que van a comprar con sus carritos, otras tienen algún impedimento físico, y todas tenemos la imperiosa necesidad de ir caminando, incluso lloviendo. Porque, en contra de lo que se vaticinaba en el Cambio Climático, ahora llueve más que antes. Es una auténtica odisea usar la vía pública, entre ríos de agua en la calzada y coches aparcados en las aceras. Mientras, nuestros “eficientes” políticos y más que “competentes” urbanistas, se devanan la mollera, en confortables despachos, proyectando la próxima vía pública a urbanizar. Una chapuza más para engrosar su abultado currículum. Difícil disculpa tiene, según qué casos, aducir que se trata de calles con un urbanismo antiguo, pero lo que no tiene ninguna disculpa es que las nuevas obras de urbanización tengan un desagüe insuficiente. Ya lo decía Machado. “Despacito y buena letra, que el hacer las cosas bien, importa más que el hacerlas”

Manuel Almagro Chinchilla

Navidades y Novedades (2011)

Leído en radio Úbeda el día 17 de enero de 2011

Las últimas pavesas de las hogueras de san Antón de anoche aún pululan por nuestro cielo y ponen punto final a la Pascua de Navidad y Año Nuevo. Entramos de lleno en la cotidianeidad de la vida activa, saboreando de buen, o de mal, grado las novedades con las que vamos a disfrutar o a padecer en el nuevo año. Así, me gustaría resaltar como acontecimiento histórico, por el éxito urbanístico, la operación llevada a cabo en la calle Nueva. Ya era hora. Con toda sinceridad mis felicitaciones a los autores. Se ha conseguido lo que estaba previsto y lo que siempre se había vaticinado: convertir a la calle Nueva en un extenso escaparate del comercio ubetense, espacioso acogedor, dinámico y sin coches… Atención a las autoridades responsables de turno, vayan previendo y proveyéndose de carpas adecuadas, aerodinámicas y a tono con el nuevo escenario creado, para paliar los efectos de un sol de justicia que cae a plomo en las largas tardes de verano.
Pero como toda innovación tiene detractores, no falta quien en este caso. Lástima que aún no haya calado en gran parte de los propietarios de los establecimientos (los más antiguos, los más reacios) la conveniencia de abrir los sábados por la tarde. Siempre se ha dicho, y en el mundillo del comercio más: “renovarse o morir”. Úbeda, por sus características, debe apostar por el comercio de fin de semana. La hostelería así lo ha entendido desde hace mucho tiempo, porque no tendría sentido y a ningún responsable de restaurante se le ocurriría la locura de cerrar el fin de semana.

En este mismo sentido quiero enlazar con la nueva ley Antitabaco, que también ha tenido su repercusión en la ciudad de la Loma, donde sus detractores pronostican una hecatombe de la economía de los bares por falta de clientes. Nada más lejos de la realidad, estadísticamente comprobado en países de nuestro entorno: la clientela aumentará puesto que hay más gente que no fuma que la que lo hace. Sólo falta descubrir y concienciarse de que es cierto, y no un sueño largamente acariciado, que en los bares no se fuma y que puede entrar todo el mundo, hasta los niños de pecho. Pero para eso hace falta tiempo.

Manuel Almagro Chinchilla

Tradiciones

Estamos a un mes vista de la Navidad y ya hace días que vivimos los prolegómenos de la tradición más popularmente arraigada de nuestra cultura cristiana, Toda tradición está íntimamente imbricada en las raíces de un pueblo, es la esencia de su cultura y la seña de identidad de una comunidad humana, de tal modo que si llega a perderse desaparece gran parte de su característica social.
Ignoro cuántas generaciones deben sucederse en la conmemoración de algo para que pueda considerarse tradición; ese rito cuasi sacramental que se luce con marchamo de prestigio y es objeto de mimo y respeto. Ninguno de nosotros podría certificar que cualquier ente o evento contemporáneo nuestro vaya a trascender al futuro y formar parte de la tradición de nuestro pueblo; para eso hace falta tiempo…

Quizás en este mundo, de creciente globalización, con una inmediatez de vértigo en el intercambio de comunicaciones y conocimientos, la tendencia sea el corrimiento o “importación-exportación” de las tradiciones más ancestrales entre pueblos. Puede dar la impresión de que estamos abocados a la homogeneización de culturas y tradiciones. Un supuesto que se confirma si examinamos las conmemoraciones festivas en las que ya estamos inmersos, que se inician con Todos los Santos y terminan bien pasados los Reyes. Así, se nos ha colado “Hallowwen”, una tradición anglosajona en la que se evoca a los muertos con disfraces terroríficos y que siembra el pánico entre los niños, y no tan niños. Mientras, aquí, hemos presenciado la desaparición de los puestos callejeros de castañas asadas y no se le augura mejor porvenir a las deliciosas gachas con tostones, hechas al calor de las ascuas de leña de oliva, dignas de figurar en la carta de postre de los más afamados restaurantes de nuestra querida Ciudad de los Cerros. Y qué hablar de la inmigración a estos lares de Papá Noel, un vejete intruso y regordete, con cara de molondro y bastante cursi, calificativos de los que no se le puede eximir ni por su pretendido arrojo de querer trepar por las ventanas. El abeto de Navidad, otro advenedizo, de origen escandinavo, que ya ha adquirido carta de nacionalidad después de sesenta años de su incursión en estos cerros. Pidamos a Dios que no desaparezcan los belenes, ni que los Reyes Magos sean transmutados en Reinas Magas, ni el buey en vaca, ni la mula en mulo, por aquello de la “paridad de sexo”, y así podríamos continuar hasta el colmo de los disparates.

Pero como “hasta san Antón Pascuas son”, dice nuestro refranero, al paseo Mercao nos vamos a la hoguera, que “todavía” goza de buena salud (por muchos años, sea), para rematar las fiestas al amor de la lumbre, con una buena rosca de buñuelos. Sí, buñuelos; los mismos que en otras partes se les llamaba “tallos”, “tejeringos”, “porras”, “calentitos”… Se ha generalizado el nombre y ya no hay buñolerías, hay churrerías y churros. Se ha perdido la identidad. Siempre hemos llamado “churros” a esos incansables peones que trabajaban en los desaparecidos y tradicionales molinos de aceite, cuyas vestimentas llenas de “churretes” (quizá de ahí derive el apelativo), acusaban la brega que mantenían a lo largo de todo el proceso de transformación de las aceitunas en el preciado “oro líquido”.

Finalizo con una petición a sus majestades, los Reyes Magos: Por favor, vuelvan a poner el letrero de “Feliz Año Nuevo”, seguido de los guarismos del año entrante, en el campanario de la Torre del Reloj de la Plaza Vieja, a donde acudí por primera vez a comer las uvas con mis padres en el año 1952.

Escribir



                         Escribir

                                                                                            

Estas pocas líneas son para reafirmarse en la voluntad de escribir cada día alguna cosa, aunque sea breve. Si de verdad se tiene vocación de escritor, lo primero que hay que hacer es confirmárselo uno con decisión, sin tapujos y sin miedos, de tal modo que se empiece esta dedicación con una actitud positiva y decididamente resuelta.
Suele tropezar uno con la dificultad de no saber sobre qué escribir. Pues bien, no es que sea fácil ni difícil, es cuestión de ponerse de una forma decidida a pensar. Enseguida te vendrán mil ideas, mil pensamientos que puedes ir desmenuzándolos e ir hilvanando uno con otro y plasmarlos en un papel de la manera más sencilla y comprensible para el mayor número de posibles lectores.
Recuerdo una entrevista en televisión, hecha por la periodista Mercedes Milá a nuestro recordado Camilo José Cela. En ella le repreguntaba al prolífico literato qué es lo que hacía falta para ser un buen escritor, a lo que Cela respondió: “Escribir es muy sencillo; sólo se trata de tener algo que contar y ponerse a contarlo poniendo una palabra detrás de otra, procurando decir las menos tonterías posibles”. La respuesta fue redonda, no se calentó mucho la cabeza el gallego, creo que acertó de plano.
Un pensamiento puede ser más o menos importante en primera instancia, calificando la importancia del mismo como el grado de implicación o afectación que puede tener para la mayor parte de la sociedad en donde vivimos. Y aquí hay que hacer una importante distinción: no necesariamente la exposición de un pensamiento o una idea, que podemos considerar importante, puede llegar a ser interesante. Interesante resulta si hemos sabido exponerla con soltura, lo suficientemente clara, además de concisa, aunque adornada con ricos matices; sin olvidar un punto distendido, incluso el pequeño o gran toque de humor que revele el talante desenfadado y positivo del autor, Estos factores ayudarán a darle amenidad y fluidez al texto, además de servir como instigadores de la propia motivación para continuar en la labor. Si ponemos en práctica esta objeción podemos conseguir que un pensamiento o una idea por nimio que parezca, y realmente lo sea,  pueda llegar a ser enormemente interesante para los lectores, simple y llanamente porque el texto se presta a ello por su belleza y facilidad de compresión  a ser leído y releído con avidez y fruición.

Especialmente importante resulta analizar con espíritu crítico los textos de otros escritores, sean o no destacados, nos gusten o no, sin caer en el error de imitar o adaptarse a su estilo, aunque sí tomando buena nota de la pericia más o menos acertada de la que suelen hacer gala para transmitir sus pensamientos. En el caso de Cela (ya que ha salido a la palestra) he de decir que, aun admitiendo la favorable aceptación popular de su extensa obra, no he logrado llegar hasta el final con ninguno de sus libros; no me gusta su estilo. En realidad son muchos los autores que no me gustan, y procuro leer a todos los que puedo. Soy de los que hacen bueno el refrán de “Amigos y libros pocos y buenos”. Pero mi gusto no es un dato objetivo para calificar a un escritor,  “sobre gustos no hay nada escrito”  Un escritor es un creador, al igual que el que crea con los pinceles o en el pentagrama. El resultado de esta creación puede ser más o menos agradable o exitoso, pero no cabe la menor duda de que el autor ha puesto todo su esfuerzo y su mejor hacer, y eso merece un gran respeto.

Cada cual tiene su estilo, propio e intransferible, éste es el reflejo de la personalidad creativa, que debemos ir perfilando y cultivando constantemente, enriqueciéndola y desarrollándola.
Una vez dichas estas cuatro directrices, que no pretenden ni mucho menos sentar cátedra, tomemos la decidida determinación de escribir todos los días un poco, o un mucho, pero todos los días. No hay dificultad en escribir mientras tengamos un hálito de vida y físicamente podamos, puesto que si el escribir está basado en expresar pensamientos, el cerebro siempre está en activo incluso durmiendo.
Hasta mañana



Manuel Almagro Chinchilla   


Manuel Almagro Chinchilla

Iglesias sin yedra y sin Verbo

Últimamente, la atención de gran parte de la ciudadanía ubetense se centra en la yedra de la iglesia de san Lorenzo, que ha sido desecada para proceder a la restauración del templo. Este hecho ha provocado la consiguiente y esperada polémica entre quienes están a favor y en contra del desmochado de esta planta trepadora. Siento mucho contradecir a los defensores de la permanencia de la yedra en tan inusual e inadecuado lugar, y no me son válidos invocar equivocados argumentos acudiendo a la tradición y a la belleza estética del vegetal, que oculta el campanario y media fachada de este querido monumento ubetense ¿Cómo se puede hablar de tradición de algo que cuenta con no más de sesenta años de permanencia? En cuanto a belleza, cierto es que se trata de un ejemplar de yedra singularmente bello y hermoso, pero totalmente inapropiado para un monumento diseñado para lucir en piedra desnuda ¿Alguien ha pensado cómo quedaría la fachada del Ayuntamiento cubierta de yedra? ¿Y El Salvador? Yedra y fachadas son bellezas incompatibles, antagónicas, que cada una debe lucirse por separado. Algo parecido es el caso del laurel, excepcionalmente bello también, que tapa gran parte del Hospital de Santiago, o los cipreses de la puerta Graná, o los árboles que tapan el palacio del marqués de Mancera en el paseo de Santa María, o los que tapan la facha de Sur del Salvador. Todos están pidiendo a gritos ser trasplantados a otro lugar más adecuado.

Pero volvamos a las iglesias, porque vamos de iglesias, por dentro y por fuera. Esta vez para destacar la belleza interior, pero no la material que se aprecia con los sentidos, sino la espiritual que se aprecia con el alma. El templo es la casa del Señor. Es imposible darle forma material a Dios. Si alguna definición fuera factible darle, ésta sería mediante la Palabra (con mayúscula), como dice muy bien san Juan en su Evangelio: "Al principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba frente a Dios, y la Palabra era Dios..."

A Dios lo conocemos por la Palabra. El Evangelio se transmite con la Palabra. A los templos asistimos para oír la Palabra. Si las iglesias de Úbeda, buena parte de ellas, no están preparadas para oír la Palabra; repito: para escuchar la Palabra de Dios, se ha fracasado en el proceso de evangelización, se ha venido abajo el principal instrumento de la labor apostólica. La responsable de esta deficiencia es la pésima audición (megafonía, acústica y demás componentes de los que los técnicos especialistas saben mucho), algo inadmisible, precisamente, en la era de la Comunicación. Hace más de cuarenta años que el hombre llegó a la Luna, se dispone de tecnología para visitar el planeta Marte, se envían sondas espaciales que nos mandan sonidos de los confines del Universo. Mientras aquí, en el planeta Tierra, existe una enorme dificultad para escuchar la palabra de Dios dentro de las cuatro paredes de su propia casa.

También es fundamental la función de los oradores, en buena parte de los casos, que deben esmerarse en la labor de comunicar la Palabra, dando el énfasis adecuado, vocalizando apropiadamente y haciendo inteligible el mensaje.

El que tenga oídos que escuche.

Manuel Almagro Chinchilla

Traca "espantarromeros"

El pasado fin de semana, como cada año, Úbeda celebró la traída de la virgen de Guadalupe. Es la primera vez que este acontecimiento tiene lugar bajo el mandato de una mujer como hermana mayor de la Real Archicofradía, Mariani Redondo Moreno. Y como suele ocurrir, cuando se estrena mandato, los acontecimientos se afrontan con redoblado tesón. Fiel reflejo de lo dicho ha sido la traída de este año de nuestra Patrona, en el que ha privado el buen hacer y se han empeñado las mejores voluntades, de Mariani y de su equipo. Algunas destacadas novedades habrán de ser anotadas en los anales de esta vieja tradición que cuenta ya con más de seiscientos años de historia. Entre ellas, el hecho de que la Virgen se haya quedado a pernoctar en Santaolalla, posponiendo para el día siguiente, domingo, la solemne entrada a nuestra ciudad. La aldea tuvo un especial día festivo, con proliferación de caballistas, carrozas y chiringuitos. Novedad también la entrada de la Virgen hasta las puertas del cementerio de San Ginés, donde se vivieron unos emotivos momentos. Igualmente debe elogiarse el que, por fin, se haya trasladado al siguiente fin de semana la celebración de las Cruces de Mayo, recuperando de nuevo para el presente el protagonismo que nunca debió perder nuestra "Chiquitilla" del Gavellar.
Pero no quiero caer en la repetición de unos relatos de los que, de sobra, se han hecho eco todos los medios de información locales. Sí quiero referirme a un hecho que no logro encajar dentro del escenario normal en el que se desarrolla nuestra tradicional romería de Guadalupe. Se trata de un acto un tanto extravagante, una acción desde todo punto de vista disparatada, como fue la quema de una descomunal, horrorosa y más que molesta traca, instalada entre los pinos, con la que fueron "obsequiados" los tímpanos de los sufridos romeros que aguardábamos estoicos, indefensos y sin posibilidad de huida, a la salida del santuario para acompañar pacíficamente a nuestra Patrona. Un hecho insólito que no tiene tradición alguna, agresivo para la salud de las personas, que conlleva riesgo de incendio, altamente contaminante y, por si fuera poco, que altera gravemente el hábitat de una población de avifauna que puebla el pequeño bosque de rivera del arroyo del Gavellar. Una población de aves que se encuentra protegida por la ley y que en esta época del año se entregan a lo más crítico y delicado de su ciclo vital, como es la nidificación y cría. Ecologistas en Acción ya ha mostrado su preocupación por este acto, que pudiera ser considerado un supuesto delito ecológico y pide la reconsideración de esta inusual acción en este delicado paraje donde vienen a refugiarse las aves ante la destrucción del entorno de olivar, sometido a un envenenamiento masivo al que, eufemísticamente, llaman "curas".
Estamos ante una manifestación costumbrista importada, respetable, pero que no nos pertenece. Su adopción e incorporación a la romería no haría sino resaltar nuestra falta de personalidad y el escaso respeto hacia lo nuestro. No se puede jugar al "todo vale" buscando un supuesto beneficio para la fiesta porque nos podemos encontrar con el efecto contrario. De momento, la instantánea que ha originado el hecho es como para enmarcarla en papel cuché y editar una inconfundible imagen digna de ser catalogada en lugar preferente dentro de la galería de "Estampas Ubedíes".
Como se puede deducir, no me gusta la traca, pero no tengo nada en contra de los amantes de los truenos, aunque sean de los gordos. Después de todo, todos podemos y debemos convivir pacíficamente. Por ello sugiero que la traca sea dinamitada en el Molino de Lázaro, donde tiene lugar la recepción oficial de la Virgen a su llegada a Úbeda, donde se concentra el mayor número de personas y ante las autoridades civiles y eclesiásticas, para "solaz y deleite" de todos, al tiempo que "afinaría" los tímpanos para oír mejor la alocución de bienvenida.
También sería de desear que este acto figurara en el programa oficial de actos de la Romería con el fin de que, quienes tengan por costumbre asistir a la recepción, sepan de antemano con lo que se van a encontrar.

Manuel Almagro Chinchilla