Bares y ley antitabaco

Publicado el 14/04/2007 en "Úbeda Información"
Querido Loren: Antes de meternos en faena con el dichoso tabaco, vamos a dedicar estas primeras líneas a la cabecera de este pequeño espacio semanal que hemos bautizado desde ahora como “La Atalaya” Como reza el viejo adagio: “Es de bien nacidos el ser agradecidos”, pues seamos bien agradecidos con nuestro director de Úbeda Información que nos ha permitido instalarnos en esta Atalaya desde donde vamos a contemplar una inmejorable perspectiva de nuestra querida Úbeda, para así poder tener una visión real, minuciosa, fiel y actual de la vida y todo cuanto acontece en la sociedad ubetense y su comarca. Gracias a esta ventana, a este espacio abierto, el más alto de la Loma, indagaremos, y opinaremos con total libertad y con el color de nuestro cristal, en los entresijos de Úbeda toda y sus Cerros.

Como bien sabes, querido amigo, la salud es lo más importante en esta vida, y si no pregunta a la gente un 22 de diciembre después del sorteo de Navidad. Bueno, al grano. Sin salud no hay vida y si no hay vida no hay nada. Te digo todo esto porque el enemigo número uno de la salud es el tabaco. Ya sabes cuanto hemos mejorado desde que nos quitamos de encima ese nefasto vicio, hace veintiocho años, cuando aún no había campañas de ninguna clase para combatir el tabaquismo, ni pudimos acceder a ayudas de ningún tipo, sólo nuestra férrea voluntad de desterrar el vicio, en cuyo empeño nos prometimos jugarnos la vida si fuera preciso. Y esa filosofía no ha cambiado en nada, está en vigor con todo su realismo, ya que si no se hace un firme propósito, un enorme esfuerzo de voluntad, no hay manera de quitarse del tabaco. Después de veintiocho años sin ponernos un cigarro en la boca, se nos han quedado los pulmones como los de un recién nacido.

Casi un año y medio después de haber entrado en vigor la llamada "ley antitabaco", podemos hacer un análisis sobre el estado de la situación y la incidencia en nuestra querida Capital de la Loma. Sabemos los efectos altamente nocivos del humo del tabaco, no sólo para los adictos a la nicotina, sino para quienes sin ser fumadores frecuentan o están sometidos al ámbito de influencia del humo del tabaco. Es por ello que el rigor con que se debe cumplir esta Ley es del todo plausible. Y efectivamente se está cumpliendo de una manera altamente satisfactoria, al menos en los ambientes públicos donde nos movemos la mayoría de los usuarios que nos movemos por la Ciudad de los Cerros de una manera casi diaria: bancos, oficinas de la Administración, centros médicos, centros de enseñanza, empresas privadas...Todo ello para asombro de algunos agoreros que pronosticaban que la aplicación de la Ley iba a originar muchos incumplimientos, incluso algún que otro enfrentamiento personal más o menos airado. Pues bien, todos podemos comprobar los resultados; vistos los cuales, a muchos nos hubiera gustado que la Ley no hubiera hecho distinción alguna con los bares de menos de cien metros cuadrados y, sencillamente, haber prohibido fumar en todos los bares. ¡Cuánto hubiéramos ganado todos!
Seguro que a más de uno ya le ha dado un vuelco el corazón. Les pido un poco de calma y antes de que se enfaden más conmigo déjenme que les exponga el razonamiento de esta pretensión. Para ello he aquí sólo dos datos muy significativos que invitan a una seria reflexión: a) Estadísticamente está comprobado que el número de fumadores va disminuyendo, por razones obvias y que sería cansino repetir, además a los fumadores no les gusta que se lo recuerden. Y b) La gran mayoría de los no fumadores, y más aún los que paulatinamente se van incorporado a este "sano e higiénico club", hacen todo lo posible y lo imposible por no pisar un bar. (creo que el ambiente que se respira en ellos tiene mucho de culpa). Así, fácilmente se puede deducir que haberse acogido a la opción de permitir fumar en los bares (que lo han hecho prácticamente todos ellos), ha sido apostar por el caballo perdedor. Como bien sabes, Loren, muchos propietarios y gerentes de bares pasaron por un auténtico trance a la hora de elegir opción de permitir o no permitir fumar. ¿Por qué?, porque si elegían la opción de no permitir fumar temían una "desbandada" de clientes hacia bares que eligieran la opción de permitir fumar. Por tanto, si la Ley hubiera dictaminado no permitir fumar en ningún bar, se hubiera conseguido lo siguiente: 1) Los clientes habituales hubieran permanecido como tales, fieles, constantes, porque en ningún bar se hubiera fumado. 2) Hubieran ganado clientela procedente de gente que no fuma y que no pisa un bar, porque no se puede aguantar el ambiente 3) Hubieran ayudado a quienes están en vías de quitarse del nefasto vicio y que ahora se ven privados de entrar en los bares porque no soportan el humo. Y 4) Hubieran colaborado a la mejoría de la Salud Pública. ¡Cuánto hubiéramos ganado todos!

Manuel Almagro Chinchilla

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